viernes, 23 de octubre de 2015

Cristina Tabernero Sala

La “suerte” de hacer de una pasión el trabajo diario

Cristina Tabernero Sala, Doctora y Profesora Agregada de la Universidad de Navarra, es una apasionada de la lengua y la literatura que ha conseguido hacer de su mayor entretenimiento su profesión.

Sentada en su despacho me recibe Cristina Tabernero, un despacho con el escritorio cubierto de libros abiertos y papeles apilados que describe a la perfección el trabajo de un investigador, pero si a la labor de un investigador cualquiera se suma la pasión por la lengua y la literatura de Cristina, no resulta extraño que la cantidad de documentos sea aún mayor. Documentos del siglo XVI y XVII, listas de insultos antiguos, denuncias... como herramienta de trabajo, para una investigación curiosa para todo aquel que escucha sobre ella por primera vez.
Cristina Tabernero no eligió Filología hispánica por casualidad, su decisión la tenía clara desde que era una niña. «Siempre corregía a los demás, “eso no se dice así”, les decía. Resultaba hasta una niña un poco pedantilla», dice entre risas, “nunca me conformaba, siempre tenía que buscar el porqué, lo que me hizo una inconformista, con una inquietud constante por todo aquello que desconocía”. Aunque no sabía el nombre de la carrera, bien conocía su contenido. Su gusto por la literatura le hizo plantearse la necesidad de “desmenuzar los textos que leía” como ella afirma. Tenía un modelo en casa, su hermana cuatro años mayor que ella, quien pudo guiarle en la elección y explicarle que lo que ella buscaba tenía unos estudios especializados a los que iba a poder dedicarse toda su vida.
A pesar de que con los años Cristina ha encaminando su campo de investigación hacia la lengua, sus intereses iniciales se centraban en la literatura y en el latín. Entendía la lengua como un instrumento más que le iba a permitir conocer más a fondo su objeto de estudio. Para ella era imposible entender una cosa sin la otra, ya que ambas se dan simultáneamente “sin lengua no hay literatura, y qué mejor forma de conocer la lengua que a través de los textos”. Su actitud ante la materia queda definida por la palabra que caracteriza a sus estudios: “filología”, amor por la palabra, palabra entendida en todas sus manifestaciones.
Empezó sus estudios de Filología hispánica en la Universidad de Navarra en 1985, pero no fue hasta cuarto de carrera cuando Cristina empezó a tener clara su especialización. La lengua se había convertido en algo más que el instrumento con el que se escribían sus libros que he comentado antes, sino que había pasado a ser su centro de interés. Una asignatura de cuarto, Historia de la Lengua Española, le hizo plantearse seriamente su valor y la necesidad que tenía de responder a todos los porqués que le sobrevenían. En quinto se decantó por este campo de la Filología, pero sin dejar nunca de lado la literatura, entendiendo ambas partes como un todo.
Aunque todo parece apuntar a una futura investigadora, Cristina no se lo había planteado nunca. Terminó sus estudios en 1990, obteniendo el Premio extraordinario de Licenciatura. Llegó entonces una oferta de la Universidad en la que le pedían que se quedase en el Departamento con una beca de Doctorado, lo que le hizo cambiar de opinión. Su idea inicial de buscar trabajo al finalizar los estudios se transformó en la de indagar en la Lingüística Histórica, disciplina que estudia la evolución de la lengua a lo largo del tiempo, y en la Dialectología, disciplina que estudia la forma de hablar característica de cada zona.
Dio comienzo una de las etapas más intensas de su vida, el doctorado, que duró cinco años. “Una tesis siempre absorbe, pero si lo que haces te gusta, siempre queda un buen recuerdo”, afirma. Esta pasión le llevó a conseguir el Premio extraordinario de Doctorado en 1996 con su tesis: La configuración del vocabulario en el romance navarro y hacer de la investigación su forma de vida. El Doctorado le permitió ver si realmente servía para ser investigadora y si se veía dedicando su vida a ello. “Tuve suerte” afirma Cristina, “pero también eran otros tiempos”, ya que desde ese momento continuó en la Universidad de Navarra, donde empezó a compaginar la investigación con la docencia, sintiéndose “una privilegiada que se lo pasa bien con lo que hace y disfruta”. En la actualidad imparte clases en Licenciatura, Grado, Doctorado y Máster, con asignaturas como Fonética y Fonología, Español americano o Tradiciones discursivas entre otras.
Con el paso de los años se fue especializando en la Dialectología antigua y local, intentando mantener una línea constante entre los distintos proyectos de investigación. También llevo a cabo indagaciones en la historia de la lengua española, fundamentalmente basadas en la Lexicografía, disciplina técnica que se basa en la elaboración de diccionarios, y el léxico histórico, que se combinaban con el análisis de discursos históricos. Cambió los textos literarios por la documentación no literaria como denuncias, procesos, etc.
El estudio que comenzó con su tesis se completó años más tarde con la publicación del libro Navarrismos en el Diccionario de la Real Academia Española, junto con la Dra. Carmen Saralegui, así como la inclusión de Navarra dentro del Proyecto Panispánico de Léxico Disponible.1
Ahora se encuentra inmersa en un nuevo proyecto que estudia los insultos de los siglos XVI y XVII, recogiendo la información que aparece en los procesos por injurias de dichos siglos. El trabajo se incluye dentro de los proyectos del Grupo de Investigación del Siglo de Oro (GRISO), en colaboración con el profesor de Historia, Jesús María Usunáriz, quien se encarga de localizar los textos. La importancia de estos estudios radica en su “reflejo de la relación entre la lengua y la sociedad de cada época. Aporta mucha información acerca de la concepción del insulto como reacción, como arma arrojadiza, que se tenía en esos siglos”. A pesar de que la investigación en humanidades muchas veces se encuentra minusvalorada por parte de la sociedad actual, cabe decir, como señala Cristina, que el problema radica en el tipo de utilidad de estos estudios, ya que tienen una utilidad distinta, no tan pragmática, pero permiten conocer las sociedades pasadas y de dónde viene un instrumento tan humano y cotidiano como es la lengua.
La actitud de investigadora se traslada a tu vida cotidiana, a veces nos volvemos incluso demasiado racionales, pero no acepto un porque sí. Si algo me interesa investigaré hasta encontrar el porqué, y si no lo encuentro, me pegaré contra una pared, pero lo habré intentado”, sentencia Cristina.


1Cfr. Cristina Tabernero Sala, Grupo de Investigación del Siglo de Oro. <http://www.unav.edu/centro/griso/cristina>

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